
Nadia, estudiante de medicina, lolita.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar...
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Los que vivían en mi colonia cuando era pequeña, y yo era de aquellas que no le gustaba estar con niños o jugar con ellos, wacala. Pero hubo dos niñas de mi edad, con las que intente relacionarme, pero ambas se mudaron en períodos cortos de tiempo.
Recuerdo bien a Paloma, era una niña mayor que yo, tendría ella unos 9 años y yo 7. Era alta, rubia y coqueta, siempre con los labios rojos por algún humectante labial de cereza que solo llegué a oler. Cuando los chicos se ponían a jugar fútbol, ella salía y les daba porras, yo quise invitarla a jugar más de una vez, pero me decía sin si quiera voltearme a ver: Ay no, yo prefiero estar aquí… Y yo me quedaba peinado a mi Barbie sentada a su lado, sólo por sentir que jugaba con una niña.
Cuando yo alcancé los 9, Paloma se había mudado y en su lugar llego una niña de mi edad. Es curioso que no recuerde su nombre si conviví más con ella y compartimos el gran gusto por Sailor Moon. Los fines de semana veíamos la caricatura en televisión abierta, después jugábamos con nuestras figuritas de acción de imitación, la pasábamos de lo lindo!Un domingo regresé de una juguetería de San Diego con el báculo y el prendedor de Sailor Moon. Corrí a tocar su puerta emocionada para invitarla a jugar, pero ella al recibirme frunció el entrecejo, y aún con la mirada en el prendedor me dijo No tengo ganas.
El fin de semana que siguió vi desde una de las ventanas de mi casa como su familia echaba todo al auto y se mudaban. Estuve horas ahí, con el prendedor al cuello y el báculo en mano. El auto se fue lleno, y regresó vacío un par de veces, pero finalmente, vi como ella se subía también y ya no regresó.
La mano derecha me quedó adolorida toda la tarde, y no quise jugar a ser Sailor Moon por unas semanas.
Era apenas la primera semana del curso y ya me habían cambiado ya dos veces de escuela. Era un jueves -o viernes- cuando llegué sin uniforme a mi nueva primaria, la clase ya había empezado y mi madre me daba empujones para entrar. Cómo te llamas? Le preguntó rápidamente a la niña que estaba sentada hasta el frente de la primera fila. Natalie. Y con un empujón final me dijo ella es Natalie, será tu nueva amiga.
Y eventualmente, fue mi mejor amiga.










